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Publicado 05/03/2013 por admin en Astronomía Cultural
 
 

Astronomía en las Reducciones Jesuíticas

BUENAVENTURA SUÁREZ, S.J.
Un poeta de la ciencia

Fue el constructor del observatorio de San Cosme y Damián
Escribió el tratado más antiguo de astronomía de toda la región
Fabricó sus propios instrumentos y observó y predijo eclipses de sol y de luna

Ignacio Telesca Suárez
Docente investigador de la Universidad Católica de Paraguay

Cuando lo del eclipse de fines del año 94 ya había sido desempolvada de la mano del Pa’i Melia la figura de este astrónomo Jesuita Buenaventura Suárez. Hoy nuevamente vuelve a salir al tapete al inaugurarse el 1º de febrero, una calle en nuestra ciudad con el nombre de este científico “Sacerdote jesuita y primer astrónomo del Paraguay constructor del observatorio de San Cosme y Damián en el Siglo XVIII”, según expresa la invitación de la Asociación de Aficionados a la Astronomía promotores del acontecimiento.

Aprovechemos la ocasión, entonces, para profundizar en la vida de quien fue el escritor del primer tratado de astronomía de que se tenga noticias en estas tierras. Haremos uso para este contenido fundamentalmente de la obra de Guillermo Furlong Matemático argentino durante la dominación hispánica (Buenos Aires, 1945), además de otros escritos como los de Hugo Storni.

En Santa Fe de la Vera Cruz

Fue a orillas del Río Paraná, en Santa Fe de la Vera Cruz, en donde un 3 de setiembre de 1678 nació Buenaventura Suárez. Estudio en el colegio que los Jesuitas tenían en su ciudad natal, en donde estaba vigente y se practicaba el Radio Studiorum, que para los cursos de secundaria prescribía y exigía, además de las cuatro operaciones básicas, el estudio de los elementos Euclides, el conocimiento de la esfera según Juan de Sacrobusco y la geografía en conformidad con Glareano.

firmaBSuarezIngresó en la Compañía de Jesús el 4 de abril de 1695, en la provincia Jesuítica del Paraguay (fundada el 9 de febrero de 1604, la cual incluía en sus inicios los actuales territorios de Argentina, Paraguay, Uruguay, Chile así como parte de Bolivia y de Brasil)

Esta Nueva provincia no era del todo ajena a los estudios científicos. Ya en 1617 llegaba el jesuita napolitano Pedro Comentali a los 21 años de edad. Era en todas partes conocido como “el matematico”. Tanto en 1639 como 1652 los padres generales desde Roma manifestaban a los provinciales del Paraguay la conveniencia de favorecerlo en sus trabajos aritméticos, esto es, en las observaciones que hacia de los cursos de los astros y de los satélites de Júpiter y en su afán por crear un ambiente mas científico. Se le autorizo siempre según la carta de los generales a llevar consigo “tres o cuatros libros y juntamente los instrumentos de matemáticas”

Furlong anota que posiblemente esos libros serian los de su compatriota Tartaglia, en especial el Trattato de numeri e misure (1556 – 1560), la Nuova Sciencia (1531) y el Trattato de Aritmética, entre otros.

Importante es resaltar que Comentali desde 1628 estuvo en San Ignacio (Paraguay) y allí mismo murió en 1664, por lo cual concluimos que ya en las misiones existía una tradición en lo que hace a la astronomía e incluso los indígenas de la zona estarían en conocimiento de esos aparatos nuevos que les permiten mirar el cielo de otra manera.

Contemporáneo de este ultimo fue el hermano jesuita belga Luis de la Croix quien llegó a estas tierras en 1640 (había nacido en 1602). Las Cartas Annuas de 1669 – 1670 que refieren su vida y su deceso ocurrido en Córdoba en 1671, afirman que mientras estudiaba filosofía dedicóse con empeño al estudio de las matemáticas, de la perspectiva y de la cosmografía y de tal suerte se destacó en estas materias que llego a hacer un mapa de todo el Perú, mapa que visto por los especialistas europeos le mereció entre ellos gran prestigio y de todas partes pedían copias del mismo. Trabajo también otras lucubraciones relacionadas con las matemáticas y con la perspectivas, las cuales le pedían desde Bélgica para darles a publicidad.

Sin lugar a dudas cuando a fines del siglo XVII llegó Buenaventura Suárez a Cordoba se encontró con un ambiente científico muy importante.

A los nombres arriba citados podemos incluir además el del italiano Falcone, al que las Cartas Annuas de 1653 lo califican de eminente en las humanidades, en la filosofía y sobre todo en las ciencias matemáticas, también tendríamos que agregar los nombres del matemático y mecánico español Juan Montijo; el del arquitecto francés, el hermano Felipe Lamaire; y no podemos dejar de mencionar la gran cantidad de escultores que tuvo la ciencia cartográfica: desde la obra del Padre Diego de Torres (primer provincial) compuesta en 1609 e intitulada Paraguay Cum Regionibus. Tucumán el Santa Cruz de la Sierra, hasta el Paraquariae Provinciae Soc. Jesu Cum Acjecentibus Novissima Descriptio compuesto en 1722 por el cartógrafo jesuita natural de Bs. As. Juan Francisco de Avila (quien nació en 1663 y murió en su ciudad natal en 1733) entre estos dos, se compusieron dentro de la provincia del Paraguay 18 mapas.

Todos ellos, los libros que traían consigo, y el ambiente científico reinante fueron los maestros del Jesuita Buenaventura Suárez, quien nunca salio de su provincia de origen para profundizar sus conocimientos de matemática o astronomía.

En San Cosme y San Damián

reloj solarEn el año 1632 se funda la reducción de san Cosme y San Damián; su primer asentamiento fue en la sierra del Tapé (actual Brasil), pero duro poco en este lugar por el acoso del que era objeto por parte de los paulistas. Seis años más tarde se muda más al Sur, pasando a depender de la misión de Candelaria. El encargado de este nuevo traslado a una legua del anterior fue Buenaventura Suárez. Nuevamente en 1640 volvieron a emigrar muy cerca de Encarnación hasta finalmente asentarse en 1760 en donde hoy se encuentra en el Departamento de Itapua.

El padre Suárez llego a San Cosme en 1706 cuando la reducción contaba con unos 1500 habitantes. Desde esta fecha hasta el 1639 en el que publicó su Lunario, y hasta que en 1745 no le llegaron los elementos de Europa, trabajó con aparatos e instrumentos astronómicos construidos por él mismo. De la introducción de su obra antes citada podemos extraer más datos biográficos:

Después de haber comunicado a los curiosos los Lunarios anuales por espacio de 33 años determiné dar a luz este Lunario continuado por espacio de un siglo… He usado para este fin entre otras tablas astronómicas las de Philipo de la Hire, que se dieron a la luz en Paris en el año 1702 y son las mejores de estos tiempos, aunque en la suputación de los eclipses de sol y de luna me aparte algo de ellas, arreglándome a las observaciones propias que tengo hechas desde el año de 1706 hasta el de 1739.

No pudiera haber hecho tales observaciones por falta de instrumentos (que no se traen de Europa a estas provincias por no florecer en ellas el estudio de las ciencias matemáticas) a no haber fabricado por mis manos los instrumentos necesarios para dichas observaciones, cuales son reloj de péndulo con los índices de minuto primero y segundos, cuadrante astronómico para reducir, igualar y ajustar el reloj a la hora verdadera del sol, dividiendo cada grado de minuto en minuto telescopio o anteojo de larga vista de solo dos vidrios convexos de varios graduaciones desde 8 hasta 23 pies.

De los menores de 8 y 10 pies usé en la observaciones en los eclipses de sol y luna, y de los mayores de 13, 14, 16, 18, 20 y 23 pies en las inmersiones y emersiones de los 4 satélites de Júpiter que observé por espacio de 13 años en el pueblo de San Cosme y llegaron a 147 las más exactas, que con otras observaciones… despaché a Europa al Padre Nicasio Grammatici de la Compañía de Jesús, quien me comunicó sus propias observaciones hechas en el Colegio Imperial de Madrid, y con Alberga del Palatinado, y las copiosas y exactas observaciones de Nicolás del Isle hechas en Petersburgo, y las del Padre Ignacio Koegler hechas en la corte de Pekín, con las cuales y con las que también me comunicó el doctor don Pedro Peralta hechas en Lima conferí las mías…” Después de esta larga cita poco queda por agregar más que las lentes de sus aparatos también que fueron construidas por él (no solo científicos sino también artesano), y que sus conclusiones sobre los satélites de Júpiter las comunicó a Celsio (iniciador de la graduación centígrada en los termómetros), quien se las pasó al astrónomo Vergartin, el que en la Universidad de Upsala (Suecia) durante los años de 1741-1742 se refirió a Buenaventura Suárez con los siguientes términos: “los de sol que el padre Buenaventura Suárez observó y anotó en el Paraguay los cito con mucho placer, no solo porque son hermosas y concuerdan entre sí maravillosamente sino también porque no se han publicado” y las prefiere por su exactitud a todas las observaciones de los astrónomos de Paris, Londres, Petersburgo y Pekín.

El Lunario de un siglo (1744)

En 1739 dio para la imprenta su obra cumbre que por título (abreviado) lleva: Lunario de un siglo que comienza en enero del año 1740 y acaba en diciembre del año 1841.

Contiene los aspectos principales de sol, y lunas, estos en las conjunciones, oposiciones y cuartos de la luna con el sol, según sus movimientos verdaderos, y de la noticia de los eclipses de ambos luminares que serán visibles por todo el siglo en estas misiones de la Compañía de Jesús en la provincia de Paraguay… Dánse al fin de él algunas reglas para… formar de estos Lunarios de un siglo los de los años siguientes desde 1842 hasta 1903.
Título y resumen del libro a la vez

Esta obra fue dictada en cinco oportunidades, siendo la primera del año 1744, de la cual no quedó ningún ejemplar y no se conoce el lugar de dicha impresión, volvió a dictarse en 1748 en Lisboa, en 1752 en Barcelona, en 1759 en Ecuador y finalmente 1856 en Corrientes.

El Lunario de un siglo ha sido no solo elogiado en su época sino también en la presente, destacándose no solo la predicción de un eclipse para una fecha determinada sino que también a esto se le agrega las circunstancias del principio, máximo, fin y magnitud para un determinado lugar con la aproximación teórica del minuto, cosa que “no puede hacerse sin recurrir a procedimientos muy complicados”, señala el astrónomo moderno José Ubach.

A todo este trabajo astronómico en el que fue ayudado, según consta, por los mismos indígenas guaraníes en su observación y construcción de los instrumentos hay que agregarle sus otras labores pastorales.
Él fue superior de San Cosme y nunca estuvieron más de tres Jesuitas en dicha reducción.

En Santa María

En 1745 junto con la primera tirada del Lunario, arribaron a la Provincia del Paraguay los aparatos astronómicos necesarios (eran dos relojes de Inglaterra de Martinón y dos telescopios uno de 12 y el otro de 24 palmos) para la instalación de un nuevo y según testimonios de la época espléndido observatorio. El primero en estas tierras.

En ese año encontramos al Padre Suárez en Apóstoles luego volvió a San Cosme, en dónde instaló el observatorio y siguió perfeccionando sus investigaciones según hace constar Sánchez Labrador. Poco antes de cumplir 72 años, un 24 de agosto de 1750, moría en la reducción de Santa María (Argentina) el primer astrónomo nacido en la Provincia de Paraguay, el que, al decir de Ricardo Rojas “barajaba sus números pitagóricos como un poeta de la ciencia, viendo brillar la pléyades – para el indio sagradas – sobre las densas aguas del Paraná”.

 

LUNARIO DE UN SIGLO

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